“Quería volver otra vez a mi hogar”: Apóstol Naasón Joaquín

(Coordinación de Crónica Apostólica) — Después de haberse presentado con los hermanos de la colonia Mariano Escobedo, en Ciudad Juárez, Chihuahua, el Apóstol del Señor continuó su recorrido de ese día en la iglesia de la colonia Independencia II, donde la iglesia y numerosas visitas que han sido el referente de las presentaciones apostólicas, le aguardaban desde muy temprano en la Casa de Oración, que estaba pletórica de hermanos.

Eran justamente las doce horas del día cuando el convoy apostólico llegó a la colonia, donde el numeroso grupo de hermanos que fueron informados de la visita y que acudieron a la oración de nueve de la mañana, ya no se retiraron para esperar al hermano Naasón, a quien anhelaban ver, ahora como el Apóstol de Jesucristo. Mientras llegaba el momento, los himnos espirituales y las continuas oraciones, fueron creando un ambiente de fervor in crescendo que se desbordó a la llegada del Apóstol. Al descender de su vehículo, el Siervo de Dios entró en el Templo, feliz de ver a los hermanos y al subir a su ministerio los saludó expresando: “Heme aquí, ¡qué alegría siente mi corazón al contemplarles y al verles este día!, quería volver otra vez a mi hogar que es vuestro corazón”. En un mensaje cargado de recuerdos, el Apóstol exaltó la diferencia entre la atención que le brindaron cuando venía como el Pastor Jurisdiccional de la Iglesia La Luz del Mundo a realizar las comisiones asignadas por el Apóstol Samuel Joaquín y la recepción que hoy le daban como Apóstol de Jesucristo. Por ello con gratitud les dijo: “En aquella ocasión me recibisteis con respeto, con obediencia, con sujeción, sabiendo que era el Apóstol del Señor el que me mandaba a cuidar de vosotros y a hacer algunos trabajos; pero hoy me recibís como vuestro padre en la fe y con esta alegría, hoy vengo contento y les digo: Hijitos míos, yo también tengo hambre, tengo sed…Mi sed son las almas…”.

Y lo dijo en cumplimiento de su extraordinaria intuición apostólica, para comprometerlos a seguir anunciando entre la gente, que hay una iglesia de Dios y un Apóstol de Jesucristo que trae un evangelio de vida y salvación, consigna que ha predominado en los cuatro años de su Ministerio. Incluso en lo que va de la decimocuarta etapa de su Gira Universal, el Hombre de Dios ha manifestado una prisa por llevar el mensaje a las almas ajenas a Dios y cuyo clamor él escucha a gran escala. En virtud de ello, reiteradamente exhorta a los creyentes a creer en la promesa de expansión que Dios le hizo al asegurarle que la Iglesia habrá de crecer todavía mucho más.

En otro punto, el Siervo de Dios testificó a la bienaventurada iglesia de la colonia Independencia II, algunos de los hechos que pudo recopilar en su reciente visita al estado de Nuevo León; entre ellos, el testimonio de personas que al percatarse de su presentación apostólica en el anfiteatro Cintermex del Parque Fundidora y escucharle a través de la transmisión en vivo que hizo Televisa, se desplazaron hacia el anfiteatro con el propósito de escucharlo personalmente Algunos de ellos testificaron que llegaron tarde o cuando ya se iba a terminar; pero aseguraron que tuvieron la dicha de escuchar una parte de su mensaje y experimentar algo nuevo en sus corazones.

La razón por la que el Apóstol expuso este testimonio a la iglesia, obedece al hecho de que las almas están necesitadas de Dios y en espera de que alguien les lleve el mensaje de salvación. “Sé que Ciudad Juárez es grande, sé que Chihuahua se ha extendido; pero yo te digo: Eso no es todo, todavía hay miles y miles y miles de almas que han de creer en el evangelio de Cristo, a través de vuestro testimonio, palabra y predicación.” Enorme compromiso que les dejó y por el que reiteró: “Yo vengo a animarte, a llenarte de seguridad, a prosperarte, a protegerte, pero vengo también a decirte: ¡Sigamos adelante¡, Dios me ha dado una promesa y yo creo en el Dios de mi padre Aarón y de mi padre Samuel, en el Dios que me ha puesto, ¿tú también crees en ese Dios?” Ante esta interrogante, la comunidad de santos establecidos aquí –como guiados por el mismo espíritu de las comunidades de todo el mundo y como todos ellos, llenos de convicción levantaban sus manos y exclamaban a voz en cuello con reiterados ¡amén, gloria a Dios!”

 

Bendición apostólica para los hermanos de la colonia Independencia II

“Entonces te digo –prosiguió el Apóstol poco antes de concluir su mensaje: Es tiempo de que volvamos a echar las redes al mar, porque las almas están esperando, porque las almas anhelan conocer la verdad, la de la Iglesia del Señor. Es tiempo de volver a echar las redes y verás, que este hermoso campo se empezará a llenar y multiplicar de una forma grandiosa.” Tras esta enfática exhortación y antes de salir del sagrado recinto, invitó a los hermanos a doblar sus rodillas y a unirse en palabras de oración a Dios para pedirle su protección. La potente plegaria del Embajador de Cristo subió a los cielos y se extendió por el recinto, en el que se escuchó: “Que tu oído esté atento a tu pueblo, tus ojos estén prestos cuando tu pueblo te clame, Tú contestes sus necesidades y bendigas y prosperes a esta Iglesia de la Independencia II” Los hermanos presentes, no pudiendo resistir más doblaron su rodillas y junto a su Padre en la Fe, se entregaron a un momento de sublime intimidad espiritual con Dios; plegaria en multitud de voces que se convirtió en un concierto de lenguas angélicas como prueba de la presencia del Espíritu Santo en el corazón de los congregados.

Al término de una larga oración, el Siervo de Dios se despidió de los hermanos con una promesa: “Yo espero en un momento no muy lejano volver a pisar estos lugares, he contemplado hoy vuestros rostros, pero también deseo contemplar la obra que Dios hará a través de vuestro testimonio; esto quiere decir que yo voy a volver y no espero encontrar sólo a esta iglesia, yo sé que con la ayuda de Dios, esta iglesia se va a multiplicar, porque le he dicho al Señor: En cada niño, en cada joven, en cada hermano y hermana, en cada anciano que dé testimonio, tú le has de prosperar su palabra, para que las almas vengan a tu santa Iglesia”.

Al igual que en todas la iglesias que ha visitado, se despidió de ellos ensanchado de alegría y cariño manifiesto en un abrazo y un ósculo de amor llevando sus manos a sus labios e impartiendo la bendición que Dios le ha dado para sus hijos. Al descender del ministerio hizo una pausa en el pasillo central y con su mano derecha levantada en señal de petición a Dios comenzó a caminar, garantizando a su pueblo que su petición a Dios será en favor de ellos. El cúmulo de creyentes, no cesaba de dar la gloria al Dios del cielo por tan sublime momento y con sus rostros empapados en lágrimas dejaron testimonio tangible de ese hecho de indudable reconocimiento al Apóstol del Señor.