Colonia Ocho de Octubre, Heme Aquí

(Coordinación de Crónica Apostólica). El martes 13 de noviembre, después de estar con los hermanos de la colonia Los Olivos, en La Paz, BCS, el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín fue a la comunidad establecida en la calle Sierra de la Trinidad Núm. 8 en la colonia Ocho de octubre, 2ª sección, de esta ciudad capital. El ministro Abner Luna y un grupo inferior a cien hermanos, le esperaban en una modesta Casa de oración, que alberga a los creyentes de esta localidad y que acondicionaron con la esperanza de que el Apóstol los visitara.

Por ello cuando el Apóstol de Jesucristo llegó al lugar, no cabían de alegría. Una valla de niños le dio la bienvenida, junto con una congregación de hermanos que desbordó en júbilo espiritual y cuya aceptación al Ministerio de la Nueva Era apostólica, era evidente, levantaban sus manos para saludarlo y con exclamaciones de “gloria a Cristo” no cabían de gozo al constatar que el mismo Siervo de Dios se encontraba entre ellos, pisando el mismo lugar y respirando el mismo aire.

Al subir a su ministerio, el Mensajero de Dios se dirigió a su pequeño rebaño con las siguientes palabras: “¡Qué glorioso es llegar con la familia de la fe! yo no veo un templo humanamente hermoso, ni una construcción muy bella, pero lo que sí veo son corazones hermosos, son los corazones de los Hijos de Dios. Por vosotros yo vengo a este lugar, a alegrarme con vosotros y a decirles: ¡Hermanos de Ocho de octubre, heme aquí, ¿Querías verme? Yo también quería verte, yo también quería orar con ustedes…”.

En ese mismo sentido les refirió lo mucho que significa para él como padre en la fe de Jesucristo, este encuentro con sus hijos de Baja California Sur, pues deseaba orar junto con ellos y en sus templos; para pedir a Dios que los bendiga en el trabajo de expansión del evangelio, que cada uno de ellos está desempeñando en favor de la Obra de Dios. Algunas personas invitadas a estar en ese momento y que oían al Apóstol, también derramaban lágrimas, sin comprender aún la naturaleza de ese sentimiento, pero era obvio que experimentaban la bendición de Dios en sus corazones, de la misma forma que los demás hermanos.

Tras un breve consejo los invitó a doblar sus rodillas junto con él, para dar gracias a Dios por tan anhelado encuentro y para pedirle su bendición exclusivamente para esta comunidad, que hoy, por inspiración de Dios en su Siervo, les llevó bendición del cielo. Los fieles congregados y el Ungido de Dios se entregaron en una ferviente oración en la que el Padre de la fe oraba por sus hijos y éstos a su vez, oraban por el padre que ahora se encontraba entre ellos.

Al término de la oración en la que el Espíritu Santo se manifestó en el pequeño aposento y permitiéndose leer la mirada de las almas, el Mensajero de Dios exhortó a aquellos corazones ávidos de su palabra, que lo escuchaban en ese momento: “Deseo que la alegría que sentís en vuestro corazón permanezca, yo quiero que se refleje a través de vuestro testimonio, que sigáis hablando a la gente, que sigáis anunciando esta verdad y algún día no muy lejano yo volveré otra vez y visitaré este lugar, esperando que al hacer caso a mi invitación, Dios cumpla en ustedes, lo que Él me ha prometido ¿Y qué me prometió? ¡Si hoy ves grande a este pueblo, yo lo voy a multiplicar! Yo creo en su promesa –resaltaba, y sé que tú también crees en su promesa…” Los domésticos de la fe contestaban con reiterados amenes y levantaban sus manos empuñadas en señal de afirmación-compromiso, que manifestaban con sus rostros empapados en lágrimas de gozo espiritual.

Finalmente el Hombre de Dios les dijo: “Así es que, yo me voy confiado en que tú vas a trabajar, para que cuando yo regrese, contemple tras tu trabajo, una grande bendición que Dios tiene preparada para esta iglesia. El domingo os espero, allá donde los hermanos ya les han indicado (Centro de Convenciones de Los Cabos) y desde allá todos unidos daremos testimonio que, ¡esta es la Iglesia del Dios vivo columna y baluarte de la verdad! Dios te bendiga, Dios te guarde y ¡qué alegría contemplarte!, conocerte y saber que aquí en este lugar, Dios tiene también a hijos de Él. Dios les bendiga, Dios les guarde, un abrazo y un ósculo de amor…”.

Así se despidió de sus amados hijos de la colonia Ocho de Octubre en este su primer día de recorrido por la capital de Baja California Sur.